MINERO SOCORRISTA Y SU
PASIÒN POR LA VIDA.
Un hijo de generaciones de
minería artesanal, conocido como luchador social en su pueblo natal Marmato, municipio de Caldas.
Mario estudió en la Escuela de Echandía, vereda de Marmato. A los
doce años se inició en la minería artesanal,
durante sus tiempos libres, sábados y festivos para ayudarle a su padre, quien
tenía una pequeña mina de oro llamada “La
Venecia”. Mario disfrutaba de este oficio y él decía: “Por lo general, el hijo
hace lo que hace el papá”.
Su labor como minero
artesanal, comenzó rompiendo las paredes y picando piedras dentro del socavón,
con un martillo de cinco libras, un cincel y un taladro. Él dejó sus estudios a
la edad de dieciséis años, cuando terminó grado octavo para ayudar en su casa,
porque su padre había sufrido un accidente dentro de la mina que le afectó un
brazo; y en la época de los años 80 en
las minas de Marmato, (en la gran mayoría) no se pagaban la seguridad social, a menos que trabajaran para una empresa. La mina de su
padre generaba bajos ingresos y su familia, conformada por sus padres y cuatro
hermanos, estaba atravesando una situación económica bastante difícil.
Su mayor problema, inicialmente, fue encontrarse dentro de la mina a noventa hombres
rompiendo, pues ellos eran mayores de 30
años y todos tenían la experiencia de
aproximadamente 20 años en esta dura labor con unas grandes capacidades físicas.
Tangarife tuvo en la minería una gran esperanza
ya que él vio que muchos de sus
compañeros de bachillerato cuando
terminaban sus estudios se iban a las universidades de las ciudades y a los
años regresaban a trabajar dentro de las
minas; entonces pensó que si hacia lo
mismo lo podía perder mucho tiempo, ya que él tenía su propio trabajo y podía conseguir su
propio dinero.
Mario recuerda que en ese
entonces en Marmato cada arrendatario de mina tenía sus títulos, pero
como había pocos molinos les daban unos turnos para moler. Se otorgaban estos por orden alfabético. Así que mientras unos molían otros
arrancaban mineral y alistaban su carga para tan anhelada molida lo que podía
demorarse hasta dos años.
En 1993, Mario pidió trabajo
en la Empresa de Fernando Rangel, e
ingresó a trabajar allí, en la mina “El Manzano”. Fue muy difícil para él
cumplir horario de siete de la mañana a cinco de la tarde, ya que estaba
acostumbrado al trabajo independiente,
sin restricciones. Además estaba muy joven
y tenía que hacer lo mismo que seis
hombres rompedores con
experiencia de treinta y cinco años y dar el mismo rendimiento. Sus mayores
dificultades fueron las ampollas en las manos, aprender a cochar(cargar un
cajón de madera de piedras y mineral y empujarlo por los rieles de la mina),
aprender a meterle madera a la mina para tenerla, porque le decían a él: “si
usted no aprende a asegurarse puede
correr riesgo su vida”. Esto le fue causando problemas sicológicos porque llegaba a la casa y le preguntaban: -¿Cómo le fue en el trabajo, cómo está? A veces se
comportaba grosero: - “Para que me pregunta,
si ustedes no tienen ni idea como es la mina.”
Sin embargo, en poco tiempo
llegó a ser más que sus compañeros de trabajo, lo empezaron a llamar de
diferentes empresas. Algunos
empresarios le decían: -“usted
como trabajador es muy bueno”. Lo llamaban
de varias partes -“vengase a trabajar con migo, usted es muy bueno rompiendo,
usted es muy bueno chochando y usted es
muy bueno colocando madera.”
Se emocionó mucho y sintió motivación el hecho de ganar más plata, siempre tuvo una
remuneración un poco más de lo que era el salario mínimo, pero en ese tiempo no pensó en el futuro, ya se dedicó al licor, sabia
que iba a la mina y en dos o tres
días sacaba su jornada, se iba para la casa y le quedaba el resto de la semana para ganar más plata en
otras empresas y le daban bareques, entonces lo que lo motivaba era la plata.
Él recuerda el trabajo que
realizaba en la mina “El Manzano” sus tareas eran las cochadas; en un turno de
ocho horas había que sacar doce coches. A él y a sus compañeros les decían que si sacaban un
coche más les daban más plata, como Mario estaba en su plena juventud, sacaba entre 15 y
16 coches diarios, eso era plata que el
ganaba o cambiaba en tiempo. En
las ocho horas eran 12 coches, pero el
trataba de sacar 24 coches en dos días coches, para ganarse un día más que lo podía cambiar, bien fuera por un
día de trabajo o por dinero.
Ingresó a Mineros Nacionales
S.A, donde se dio cuenta que su experiencia como minero artesanal no le servía mucho,
porque allí trabajaban con minería más
tecnificada y tecnología avanzada. Sin
embargo, él ha tenido el
espíritu de aprender y esas ganas
de salir siempre adelante, cambió de ser rompedor manual a ser un machinero, ya
que utilizaban machines, es decir con
máquinas perforadoras de rotación, que son movidas por unos compresores o al manejo de maquinas locomotoras. Era un cambio muy grande, porque paso de la minería de empujar
un coche a fuerza, a coger una locomotora;
y de romper a mano, a coger una máquina perforadora; de tener que “voliar” ‘ pala, de llenar un coche con pala manual a trabajar
con una pala mecánica.
Mario se formó como parte
del grupo de Salud Ocupacional y vigía de la seguridad, en la empresa Mineros Nacionales y se convirtió en
socorrista en año 1995, hizo el curso de 20 días en Amagá Antioquia, después
de dieciséis años que trabajó para la empresa, sigue prestando sus servicios como rescatista y ha
participado en rescates a nivel nacional. Para él, uno de los más
significativos rescates fue el 10 de
julio del 2010 en la mina San Fernando de Amagá Antioquia, donde murieron 73 mineros,
debido a una explosión de gas metano y donde acudió, como representante de Marmato con
otro grupo de socorristas del país.
Mario recuerda los 10 días
de incertidumbre que tuvo que vivir, ayudando a sacar los cuerpos decapitados,
con olores putrefactos y descompuestos. Había
perdido el apetito y el sueño en esos días,
su mirada observadora le llamó la atención sobre un niño que estaba
sentado en una roca solo y con su carita triste, aislado de la multitud. Mario
no pudo evitar salir de donde estaba prestando su servicio y pedirle permiso a
la policía y a la Cruz Roja que lo dejaran hablar con el niño. Este hombre
narra que habló con el niño y se dio cuenta que el
chico se encontraba sin su familia, porque
su madre había sufrido una crisis y la habían hospitalizado, ella había perdido a su hermano y a su hijo dentro de la explosión de la mina.
El niño le pidió el favor a Mario que rescatara a su padre que aun estaba atrapado
en la mina. Mario recuerda que habló con
la Cruz Roja para que se hiciera cargo de la alimentación y el cuidado del
niño, mientras terminaba el proceso y su mamá se restablecía. Lo más duro para
el rescatista marmateño fue encontrar el cuerpo del padre del niño sin vida, ya que fue el último muerto de 73 mineros en
esta gran tragedia.
Otros lugares donde Mario ha
prestado sus servicios son Jamundí Valle,
Cúcuta y en su propio municipio, en algunos casos lamentablemente se ha
encontrado con personas fallecidas debajo de los escombros y en otras ocasiones
ha rescatado felizmente, personas ilesas.
Mario cuenta cuando pudo sacar con vida a un señor
de la vereda de Cabras, pero que trabaja en la cabecera municipal de Marmato,
que quedó atrapado en una de las minas en el año del 2008:
-“El hombre quedo atrapado en un derrumbe impresionante
de la mina, donde el derrumbe tenía un alto riesgo que cualquier error que cometiera, no solo fracasaba él, sino también los rescatistas. Yo en el momento que
me llamaron, trabajaba para Mineros Nacionales, cuando fui, ya llevaban quince
horas y media en el rescate, cuando llegué allá, me llevé la sorpresa que los
mejores mineros de Marmato, los que fueron mis maestros cuando yo era niño,
me dicen: -no hay nada que hacer porque donde él quedó no hay forma de
rescatarlo y es preferible que se pierda una vida y no se pierdan más.”
“Yo pregunte: -y él está
muerto? –No, él está vivo. Me dijeron.
“Y yo decía: -No, no lo podemos dejar, hay que ir a
sacarlo. Cuando yo llegué y miré, la verdad es que la parte era muy riesgosa,
pero yo vi que primero Dios que lo he tenido muy presente, me encomendé con la
ayuda de unos compañeros después de tres horas de trabajo logré rescatarlo sano
y salvo, eso para uno lo llena de mucha satisfacción y orgullo de lo que aprendí y de lo que a nivel nacional las visitas y
todo estos trabajos han servido de mucho.”
Lo más injusto hoy, es la
poca gratitud por parte del municipio.
Mario nunca ha recibido un reconocimiento por parte de las administraciones
municipales o de la misma población por su gran humanidad en su labor
desempeñada como socorrista.
Sus miedos no son la
muerte, porque él sabe que está sometido a trabajar debajo de un cerro que
tiene inestabilidad en cualquier momento puede caer una roca y quitarle la
vida, así como ha pasado con otros compañeros; es la amenaza del león dormido
de las multinacionales en el pueblo, ya que no sabe cómo van a atacar y la
población minera no cuenta con el apoyo del gobierno nacional ni municipal.
Mario se retiró de la Empresa
Mineros Nacionales en el 2010 porque quería volver a trabajar la minería
artesanal, como persona independiente y además
se enfrentó por la situación que había ignorado por años, las nuevas empresas multinacionales que
querían comprar las Minas y hacer desalojar a sus habitantes para comprarles los títulos mineros. Desde ese
entonces, él conformó una Asociación de Mineros Tradicionales, donde lo
nombraron como presidente, para darles un nuevo orden a los otros obreros que
trabajan la minería artesanal, porque en los socavones no estaban utilizando cascos de seguridad,
fumaban dentro de ellos, entre otros.
Ahora, Mario realiza su labor
de minero independiente, trabaja para sostener
a su familia y lo llaman de diferentes empresas y compañías para establecer
orden dentro de las minas. Él dice: -“Mi trabajo actual se llama “guachero”, es lo que
hacÍa la otra vez cuando yo era un niño, es coger un taladro hacer un hueco,
quemarlo con dinamita, sacar ese material llevarlo a un molino. Es lo que hago
porque en las minas cada cual saca su material para el sustento de su familia.
Sí no que también la gente me llama cuando tienen problemas de sostenimiento,
cuando la veta se les embolata, cuando de pronto tienen un trabajo que
es muy difícil de solucionar no son capaces ellos buscan una asesoría. Pero yo
lo hago sin ánimo de lucro, yo lo hago porque lo que me interesa es la salud y
el bienestar de mis compañeros, porque los considero mis hermanos porque en el
gremio de la minería somos hermanos y tenemos que cuidarnos el uno al otro. La producción es muy relativo
para uno, porque uno saca más o menos, las personas que trabajamos
independientes tenemos una relación de
uno o dos salarios mínimos semanales, es el promedio que saca el guachero con
la labor que realiza, es por eso que uno
no quiere irse a trabajar a otras partes, porque puede que en una semana pudo haber
bajado un 50% o un 40% de producción, pero
que en la semana puede subir un 100%, porque sabemos que la minería en Marmato
se encuentra en buchecitos, así lo llamamos. Entre uno o dos costalitos puede ganar lo que no se ha
sacado en un mes o dos meses, eso es como la suerte del minero. En cantidad de
oro es tres castellanos o dos semanales”.